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  La paradoja asiática (Project-Syndicate 2014/11/4)-Spanish

 


La paradoja asiática
Project-Syndicate Nov.4, 2014


Visto que los 21 miembros del Foro de Cooperación Económica Asía-Pacífico, APEC representan
algo así como el 54% del PIB global, mientras que su participación respecto del comercio mundial
es de 44%, la agenda de la cumbre de la APEC  de este mes sin duda atraerá gran interés en el
mundo. No obstante, la única cuestión que parece interesarle al público es si el presidente chino,
Xi Jiping, y el primer ministro japonés, Shinzo Abe, se reunirán en privado y, de ser el caso, si se
llevará a cabo una discusión sustantiva para reducir las tensiones bilaterales.


Desde luego, esto no deja de ser razonable, debido a la importancia de los dos países para
determinar el futuro de Asia oriental. En efecto, la incertidumbre sobre si los dos líderes clave de
APEC siquiera se dirigirán la palabra pone de relieve la sombría realidad de las relaciones
internacionales asiáticas actuales. Una paradoja está frustrando el supuesto “siglo asiático”: la
profunda interdependencia económica no ha servido en absoluto para reducir la desconfianza
estratégica.


Dado el reciente deterioro de las relaciones sino-japonesas – que se aceleró en 2012, cuando
Japón compró las islas Senkaku (que están en disputa y en chino se llaman islas Diaoyu) a su
propietario para impedir que quedaran bajo el control de nacionalistas japoneses – el simple hecho
de que Abe asista a la cumbre es un paso muy importante. Una reunión entre Abe y Xi – la
primera desde que ambos llegaron al poder – daría bases concretas para la esperanza.


El gobierno japonés ha hecho esfuerzos diplomáticos significativos para organizar una reunión,
entre ellos, la visita del ex primer ministro Yasuo Fukuda a Beijing en julio para tratar de reducir las
tensiones. De acuerdo con informes de algunos medios, con el fin de asegurar que China
aceptara una reunión durante la cumbre de APEC, Abe incluso aceptó reconocer que las
pretensiones de Japón sobre las islas Senkaku están en disputa.


Puesto que tal gesto supondría que las reivindicaciones de China sobre las islas podrían tener cierta
legitimidad, la posible concesión de Abe sobre este punto no es trivial; incluso podría significar que
acordaría con China restablecer el statu quo ante. En ese caso, cabría esperar que Xi siga el
consejo de Deng Xiaoping en el sentido de “posponer durante algún tiempo” la cuestión de modo
que la siguiente generación, “más sabia”, logre “encontrar una solución aceptable para todos”.


Esta parece ser ahora una posibilidad realista. En efecto, últimamente Xi parece haber suavizado el
tono, aunque no necesariamente la línea diplomática. Por ejemplo, permitió que Li Xiaolin, la hija
de un ex presidente chino, se reuniera con Abe, con quien asistió a una función de un grupo de
danza chino que visitaba Tokio. También, el primer ministro Li Keqiang estrechó la mano de Abe
en la reciente reunión Asia-Europa en Milán.


La nueva flexibilidad de Abe y Xi se puede deber, entre otras cosas, a los cambios políticos internos
en ambos países, que han creado un mayor equilibrio entre los grupos conservadores nacionalistas
y los intereses empresariales con una orientación más internacional. Puesto que ambos líderes han
pasado los últimos dos años superando a sus opositores internos y consolidando su poder, tal vez
confíen más en su capacidad para llegar a acuerdos.


En Japón, Abe ha complacido a sus partidarios conservadores mediante resoluciones del gabinete
destinadas a permitir una ampliación de las capacidades de auto defensa. Pese a la oposición
interna a la nueva doctrina de seguridad de Japón, ningún grupo con influencia política logró
organizar una contrarespuesta efectiva al enfoque de Abe.


Ahora, a medida que se paraliza la recuperación económica de Japón, el sector empresarial del país
parece estar presionando al gobierno de Abe para intensificar el trabajo destinado a mitigar el
impacto de su deteriorada relación con China. De acuerdo con un informe del gobierno de China,
en el primer semestre de 2014 la inversión directa japonesa en China fue inferior en casi un 50%
en comparación con el mismo periodo del año pasado –señal clara de que los líderes empresariales
japoneses temen por el futuro en el segundo mercado más grande de su país.


Mientras tanto en China, Xi ha ganado una fuerte confianza gracias a su gran campaña
anticorrupción, que ha resultado en sanciones a altos mandos militares, lo que indica que solidificó
el control  sobre el Ejército Popular de Liberación (PLA, por sus siglas en inglés). En consecuencia,
Xi podría pensar ahora que tiene un margen mayor para abordar la desaceleración económica del
país, mediante una reparación del daño infringido por el deterioro de la relación con Japón.


Si esta evaluación es correcta, la pregunta que sin duda cabe hacer es cuánto avanzarán Abe y Xi
hacia la distensión, lo que apaciguaría a sus respectivos sectores empresariales, pero sin perder
el respaldo de los nacionalistas, que tienden a ver la relación bilateral como un juego de suma cero.


Abe tiene que decidir si suaviza el tono de su retórica nacionalista y modera su postura sobre
asuntos históricos controvertidos. Esto incluye reducir sus visitas al santuario de Yasukuni (que
hace honor a 14 criminales de guerra, Clase A., que fueron ejecutados después de la Segunda
Guerra Mundial) y abandonar el revisionismo en lo que respecta a las “mujeres de confort”
coreanas, que fueron forzadas a ofrecer servicios sexuales al Ejército Imperial Japonés. Es
probable que la decisión de Abe tenga que ver con su nivel de confianza en su posición política.


De igual manera, si Xi sigue manteniendo un alto nivel de confianza en cuanto a su control del PLA
y sigue verdaderamente la política oficial china de “desarrollo pacífico”, entonces podrá adoptar el
enfoque prudente que Deng promovió. Esto implicará reconocer y tratar de mitigar el temor que
el auge chino está causando a sus vecinos, como hizo Otto von Bismarck después de la
unificación alemana en 1871. Los observadores podrían entonces percibir sus esfuerzos para
mejorar relaciones con Japón, o con Vietnam, como un viraje estratégico, en lugar de un ajuste
táctico temporal.


En este contexto incierto, la cumbre de la APEC podría servir para revelar las intenciones de Abe y
Xi, lo que sería una información crucial sobre el rumbo de las relaciones sino-japonesas –y por
ende, del futuro de Asia oriental.


Traducción de Kena Nequiz


*Read more at http://www.project-syndicate.org/commentary/apec-summit-xi-abe-meeting-by-yoon-young-kwan-2014-11/spanish#vAWTdUWdpvi427tW.99


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