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  El año de vivir diplomáticamente de Corea (Project-syndicate 2019/1/17)-Spanish

El año de vivir diplomáticamente de Corea
(Project-syndicate 2019/1/17)





SEÚL – Corea del Sur probablemente soportó más turbulencia política que casi cualquier otro país en 2018. En el frente doméstico, el nuevo gobierno liberal del presidente Moon Jae-in avanzó con
medidas para encarar la corrupción arraigada, e implementó políticas económicas progresistas (y
acaloradamente debatidas) para favorecer a la gente de bajos ingresos. Pero estos cambios
importantes se vieron opacados por la ola de disrupción proveniente del exterior.

Pocos surcoreanos esperaban que el presidente norteamericano, Donald Trump, demostrara tal
determinación a la hora de minar el orden internacional liberal de posguerra. Ese orden ha servido
como un cimiento para el crecimiento económico y el desarrollo democrático de Corea desde los
años 1960. Ahora que es orden está bajo amenaza, los surcoreanos se preguntan ansiosamente si
Trump será un caso atípico de un solo mandato o si será un agente de cambio permanente.

Después de la amenaza de Trump de abril de 2017 de “terminar” con el “horrible” acuerdo de libre
comercio que durante una década ha respaldado una alianza estratégica con Estados Unidos que ha
durado más de medio siglo, los surcoreanos se sintieron aliviados al ver que Trump y Moon firmaron
un acuerdo revisado en septiembre. Aun así, la guerra comercial de la administración Trump con
China seguramente le asestará un golpe económico duro a Corea del Sur.

“Será una de las economías más afectadas en el mundo si estall una guerra comercial declarada”,
advirtió un alto funcionario del área de comercio –y esto se produciría cuando la economía ya se
está desacelerando-. Si Moon no logra abordar los desafíos de una población en edad laboral que se
achica y una creciente desigualdad, Corea del Sur podría terminar teniendo su propio Trump.

Desde un punto de vista más positivo, los temores de un conflicto militar en la Península de Corea
han amainado. En noviembre de 2017, algunos expertos en política exterior de Estados Unidos
advirtieron que las posibilidades de una guerra con Corea del Norte eran del 50%. Hoy, en cambio,
Estados Unidos y Corea del Sur están trabajando con Corea del Norte para encontrar una fórmula
viable para la desnuclearización y una paz duradera. En este sentido, 2018 fue un año crucial. La
transición de crisis a diplomacia comenzó cuando el líder norcoreano Kim Jong-un respondió
favorablemente en un discurso de Año Nuevo a la apertura de Moon; pero le debe gran parte de su
impulso a la estrategia política audaz de Trump.

Moon venía dando señales de su apertura a un diálogo con Corea del Norte desde que asumió el
cargo en mayo de 2017, invitando inclusive a atletas norcoreanos a participar en los Juegos
Olímpicos de Invierno en Pyeongchang en febrero de 2018. Esto sentó las bases para un diálogo
entre las dos Coreas. Durante una visita de un enviado especial surcoreano a Pyongyang, Kim
indicó por primera vez que podría abandonar su programa nuclear, y que quería reunirse con Trump
para discutirlo. Desde entonces, Kim ha dicho que abandonará la “línea byungjin” –el desarrollo
paralelo de armas nucleares y de la economía norcoreana- para centrarse exclusivamente en el
desarrollo económico.

Después de tres rondas de reuniones cumbre entre las dos Coreas, Moon y Kim firmaron la
Declaración Conjunta de Pyongyang el 19 de septiembre. Ambas partes se comprometieron a
convertir a la Península de Corea en “una tierra de paz sin armas nucleares y amenazas nucleares”;
y Corea del Norte prometió desmantelar su sitio de pruebas de misiles y plataforma de lanzamiento
en Dongchang-ri. Ambas partes también acordaron “expandir el cese de las hostilidades militares en
regiones de confrontación”, incluida la zona desmilitarizada en la frontera y la Línea de Límite Norte
en el Mar Occidental. Dicho esto, la declaración conjunta representa un progreso significativo hacia
una menor probabilidad de una confrontación militar convencional, que en verdad es más probable
que una guerra nuclear.

Mientras tanto, en la histórica cumbre entre Trump y Kim en Singapur el 12 de junio, Estados Unidos y Corea del Norte alcanzaron un acuerdo de cuatro puntos que expresa “el deseo de los pueblos de
los dos países de paz y prosperidad”. Pero si bien este comunicado conjunto marcó un giro
importante en la diplomacia norteamericana, fue criticado por no incluir detalles sobre el
cronograma y el método de desnuclearización. Para abordar estas cuestiones, el Secretario de
Estado norteamericano, Mike Pompeo, siguió reuniéndose con los norcoreanos y visitó Pyongyang
en cuatro oportunidades en el transcurso del año.

Después de regresar de su última visita, cuando se reunió con Kim durante tres horas y media,
Pompeo informó que se había hecho un progreso no especificado hacia la desnuclearización de
Corea del Norte. Pero muchos especialistas y observadores son escépticos. El régimen de Kim,
después de todo, todavía tiene que tomar medidas serias a pesar de la avalancha de conversaciones.

Lo que suceda a continuación es una incógnita. Pero hasta los escépticos en Estados Unidos
concordarían en que una diplomacia continua es preferible al cascabeleo de sables de 2017. De cara
al futuro, gran parte dependerá de la voluntad de los hacedores de las políticas públicas en Estados
Unidos de ser pragmáticos a la hora de lidiar con el régimen de Kim. Resolver la amenaza de una
Corea del Norte con armas nucleares es una cuestión de percepción tanto como la disuasión. Un país pequeño, aislado y económicamente devastado que está rodeado por grandes potencias se sentirá
inseguro bajo cualquier circunstancia.

Así, Kim no abandonará sus armas nucleares hasta no estar seguro de que su régimen puede
prosperar sin ellas. Pero mientras que muchos hacedores de políticas públicas de Estados Unidos ya
saben que abordar las cuestiones de seguridad del régimen es un requisito previo para la
desnuclearización, todavía no se ha emprendido ninguna acción real en este frente. Es más, aún
está por verse si la administración Trump puede movilizar el respaldo necesario del Congreso para
hacer avanzar el proceso.

Por ejemplo, Estados Unidos podría considerar una declaración de paz para poner fin a la Guerra de
Corea. Si eso no es posible, podría establecer una oficina de enlace en Pyongyang, o extender la
ayuda humanitaria a Corea del Norte (fuera de las sanciones económicas). O podría invitar a equipos
deportivos, artistas, burócratas y estudiantes norcoreanos a participar en eventos culturales o buscar
oportunidades educativas en Occidente, exponiéndolos así a la democracia liberal y a una economía
de mercado. Ninguna de estas opciones debilita las sanciones, que pueden seguir en vigencia hasta
que el régimen de Kim cumpla con la desnuclearización.

Kim ya ha permitido que Moon le hablara a 150.000 norcoreanos, algo que se decidió en una visita
sin precedentes a Seúl, e invitó al Papa Francisco a Pyongyang. Estos gestos sugieren que tal vez
quiera convertirse en el Deng Xiaoping de Corea del Norte. Sí, todo cuidado que se ponga es poco
cuando se trata con el régimen de Kim; pero tampoco debería sorprendernos que un líder joven
pueda buscar una estrategia diferente de la de su padre.

Deng pudo concentrarse en el desarrollo económico sólo después de que la diplomacia con Estados
Unidos había creado un contexto externo más favorable para China. Si existe la más mínima
posibilidad de que Kim hable en serio respecto de avanzar hacia un estado normal y una economía
del siglo XXI, la comunidad internacional no debe interponerse en su camino. En ese caso, 2019
podría ser un año de progreso continuo hacia una Península de Corea pacífica y sin armas nucleares.

*source from: https://www.project-syndicate.org/onpoint/korea-s-year-of-living-diplomatically-by-yoon-young-kwan-2019-01/spanish

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